Por: CATALINA SANTIAGO SANCHEZ
En la vida de cualquier universitario, el transporte universitario forma parte esencial del comienzo de su vida universitaria, ya que una de las acciones que te legitiman como estudiante de alguna escuela perteneciente a la UAEH, es ni más ni menos que descender al menos una vez, de estos vehículos oficiales.
Pero ¿qué pasa cuando el viaje realizado en estas unidades no resulta como uno lo esperaba, y las personas que se encuentran conduciendo no tienen siquiera la más remota idea de lo que es la atención al usuario? ¿O que probablemente ni las unidades antiguas y mucho menos las nuevas, cubren las necesidades de los que a diario tenemos que abordarlo para llegar a nuestras clases?, sabiendo de ante mano que tal vez el “uni” no llegue a tiempo, pase “atascado” o simplemente no pase, ¿en qué momento el personal encargado de brindar este servicio tiene el derecho de ser grosero o prepotente con los usuarios por exigirles un buen servicio? Y aun la pregunta más importante, ¿qué tanto pueden influir estas y otras disfunciones del servicio para que podamos tener un “viaje inolvidable”, cuando remitimos a nuestra mente a la palabra “transporte universitario”?
Debido a que los estudiantes universitarios, pasamos una parte considerable de nuestro tiempo viajando en el “levanta judidos”, “wawa”, “uni”, “huacha”, “universipobre”, “unipobre”, “transpobre” o “universinaco”, muchos de nosotros hemos vivido un gran número de experiencias gratas o totalmente terribles, lo cual se ve reflejado hasta en la forma de dirigirse a este. Nombres que han surgido del ingenio y
aceptación de la misma comunidad estudiantil, la cual aun que utiliza este servicio, sabe de antemano, que no es la mejor opción para trasladarse a su destino, pero que se mantiene como primera opción para viajar, por el hecho de ser gratuito y que con el declive de la economía del país, no queda más opción que economizar, aun a costa de jugarnos nuestra integridad física.
Y es que siendo sinceros, a quien le gusta que el conductor de la unidad en la que vas, valla escuchando música a todo volumen, en sus audífonos, a la vez que va volanteando para salvarse de estrellarse con otro auto, y que cuando tu le hagas la parada, el tipo se siga derecho; y si quieres bajar, el tipo te baje hasta la siguiente parada, alegando con palabras altisonantes que jamás escucho que le pidieras bajar.
Además, que otro de los problemas del servicio es que no sabes a ciencia cierta a quien dirigirte cuando quieres reportar alguno de estos comportamientos, ya que en el buzon de quejas y sugerencias nadie te responde y los encargados casi nunca se encuentran en las oficinas, ya que como los mismos conductores dicen “no tiene horario fijo”, mientras tanto, los conductores siguen prensando alumnos con las puertas del transporte, subiendo personas ajenas como estudiantes de secundaria con uniforme o personal de las torres de rectoría o de ICSA, que sabe perfectamente que es un transporte para estudiantes y aun así aparta lugares para sus compañeros que suben más adelante. Pero eso sí, continuamente llegan al límite de la hora a las escuelas e institutos, y que aun, cuando no has bajado los dos pies a la banqueta ya están arrancando, se imagina lo que podría ocurrir si este alumn@ tuviera problemas de vertigo o presión arterial alta?
Es cierto que este servicio beneficia económicamente a muchos de nosotros, pero, esto no quiere decir que el servicio sea optimo; a pesar de estas situaciones los jóvenes universitarios, solemos disfrutar del tiempo que invertimos en trasladarnos a bordo del “uni”, ya que en su interior hemos conocido gente nueva, hemos hecho buenos amigos o hasta hemos conocido a personas de otras nacionalidades, he incluso entrevistando a la comunidad universitaria pude encontrar una linda historia, una chica cuenta que viajo por primera vez en el “uni” cuando ella tenía once años, ella se encontraba en sexto año de primaria y por ser el primer lugar en aprendizaje de su salón, la llevaron con un grupo de alumnos a conocer los pinos y después el museo de antropología e historia, ella relata que sin duda fue una experiencia inolvidable, como lo es ahora el que una unidad le hayan prensado una pierna mientas la unidad arrancaba, ocasionándole un moretón en la rodilla; o cuando otro chico despistado por el aturdido día, no recordó que le habían prestado el auto y lo dejo estacionado en su instituto, mientras él ya se encontraba en el centro, teniendo que regresarse por el auto. Y menciono estos episodios gratos, porque a pesar de las malas caras de los choferes, que apenas si te contestan cuando preguntas cual es su destino; estos trayectos también son parte de nuestra maravillosa vida universitaria, que recordaremos cuando el paso del tiempo empiece a invadir nuestros días, recuerdos gratos, en lo que poco ha contribuido la actitud prepotente y autoritaria de la mayoría de conductores de los “unis”.
Algunas de las demandas más frecuentes que realiza la comunidad universitaria son: nuevas rutas, mas unidades, extensión de horarios, mayor número de paradas, que tengan checadores, para que cumplan con el horario y con las rutas establecidas, puntualidad y pero sobre todo que
cumplan con lo anterior, o por lo menos con las rutas, horarios y paradas ya existentes.
Desafortunadamente la poca atención de los responsables de estos servicios, ha provocado que los estudiantes universitarios creamos que nuestras quejas nunca serán escuchadas, (yo espero que no sea así), por lo que invito a que demandemos a la autoridad competente un mejo servicio, ya que es de gran necesidad para la comunidad universitaria, y todos tenemos derecho a un servicio digno; ya que es increíble que una universidad que se encuentra entre las 10 mejores a nivel nacional, permita este tipo de abuso de autoridad, por parte del personal a los alumnos, (alumno que pudiera ser su hij@) y que en realidad somos los que hacemos que esta universidad tenga prestigio y liderazgo.


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