Por: Angélica Baena Peña
Son casi las cinco de la mañana, se puede sentir el fresco aire y el rocío impregnando las plantas , en el cielo aun se pueden ver todavía algunas estrellas, pero la señora Margarita ya se ha levantado, debe comenzar el día desde muy temprano, pues no le alcanzaran las horas del día para terminar todo lo que debe hacer. Da un pequeño paseo entre los magueyes que rodean su pequeña vivienda, los mira con cariño y expectación, pero al mismo con tristeza y cansancio. Hoy comienza nuevamente aquel largo y arduo proceso de obtención de la fibra que utilizara para trabajar. Además se encuentra muy preocupada, su marido que desde hace ya diez años está en Estados Unidos no le ha mandado los dólares que acostumbra enviarle cada quincena y ya desde hace varios meses no ha vendido nada. Están por comenzar las clases y sus hijos necesitaran los útiles, y no sabe como decirles que este año no podrán estrenar uniforme para la escuela, no tendrán la mochila nueva que querían y deberán reciclar las hojas que les sobraron del curso pasado. Se sacude la cabeza para borrar las imágenes tristes que la embargan, y decide poner manos a la obra.
Son casi las cinco de la mañana, se puede sentir el fresco aire y el rocío impregnando las plantas , en el cielo aun se pueden ver todavía algunas estrellas, pero la señora Margarita ya se ha levantado, debe comenzar el día desde muy temprano, pues no le alcanzaran las horas del día para terminar todo lo que debe hacer. Da un pequeño paseo entre los magueyes que rodean su pequeña vivienda, los mira con cariño y expectación, pero al mismo con tristeza y cansancio. Hoy comienza nuevamente aquel largo y arduo proceso de obtención de la fibra que utilizara para trabajar. Además se encuentra muy preocupada, su marido que desde hace ya diez años está en Estados Unidos no le ha mandado los dólares que acostumbra enviarle cada quincena y ya desde hace varios meses no ha vendido nada. Están por comenzar las clases y sus hijos necesitaran los útiles, y no sabe como decirles que este año no podrán estrenar uniforme para la escuela, no tendrán la mochila nueva que querían y deberán reciclar las hojas que les sobraron del curso pasado. Se sacude la cabeza para borrar las imágenes tristes que la embargan, y decide poner manos a la obra.
Aun con todo lo que le entristece, el día debe continuar y les pide que la acompañen a asar las pencas, pues ya se ha terminado la fibra y deben hacer más piezas. Los niños no muy felices, la acompañan. Pasan casi el resto del día en eso, terminan llenos de humo, con las manos impregnadas del jugo del maguey, que les causa ardor e irritación. Extienden las pencas en el patio de la casa pues deben dejarlas reposar por varios días. Regresan cansados a casa, preparan la comida y después de comer los niños se van a descansar. La señora Margarita, aun tiene mucho que hacer… lavar la ropa, darle de comer a los animales, regar las plantas, seguir con el bordado de la servilleta en la que ya lleva casi un mes. El sol, esta por esconderse, ella tendrá que preparar la cena y no sabe si aun hay algo que darle a sus pequeños, hace lo que puede y ellos se lo agradecen. Ellos se van a dormir, y ella tiene que seguir, seguir y seguir. Sabe que todavía le queda un poco del hilo de ixtle que preparó desde la vez anterior, así que se puso a tejer un ayate. Cinco días se repetía la rutina, ir a cortar las pencas, desayunar, asar las pencas, comer, lavar, regar, cocer, cenar, cocer. El sexto día comenzó de la misma manera, cinco de la mañana, Margarita ya estaba lista para comenzar el día de trabajo, pero esta vez tendría que machacar las pencas con una herramienta hecha de madera, aproximadamente 30 o 40 minutos por penca, para después ponerlas a secar durante un día. Así se fueron otros seis días, machacando, poniendo a secar, machacando, poniendo a secar, hasta terminar todas las pencas, cada día al terminar de poner nuevas pencas a secar, debía poner las del día anterior a remojarse para lavarlas. Mientras ella hacia eso, sus hijos le ayudaban en lo poco que podían, con el proceso de elaboración del ixtle, o en las labores del hogar, pero poco a poco se acercaba el regreso a la escuela y ella aun no había podido vender los pocos productos que tenia guardados, no ha habido eventos, no hay donde ir a venderlos. Pero aun así, ella día a día seguía con su trabajo, haciéndolo con cariño y esperanza de que todo podría mejorar. Después de los varios días que le llevó machacar todas las pencas, ponerlas a secar, lavarlas y volverlas a dejar reposar logró terminar con esta parte del proceso, logrando un acabado fino y blanco en la fibra. Ahora sus días se irían en peinar la fibra que había logrado extraer. Dos largos, tediosos y cansados días, pero al final había logrado peinar toda la fibra, se sentía orgullosa y satisfecha con su trabajo. Pero aun faltaba más, ahora su hilar sería su compañero, vuelta, vuelta, vuelta, para formar las hebras. Más días, pero la diferencia es que ahora podría preparar solo el hilo que necesitara y comenzaría con la labor más apremiante, elaborar sus productos. Los días pasaron, y ya estaban a solo un par de días del regreso a clases de los niños, Margarita había logrado terminar un par de ayates grande, también hizo varia piezas de esponjillas, algunos pares de guantes, jaboneras, lapiceras, monederos, carteras y tres bolsas de mano. Parece fácil decir la cantidad de piezas que hizo, pero a decir verdad, lo hizo más rápido de lo que normalmente lo hacía. La preocupación por sus hijos aumentaba la esperanza de que todo mejoraría. Fue complicado, pero logró vender algunas de las piezas que tanto trabajo le costó hacer, no al precio que ella pedía, pero al menos le daría la tranquilidad de mandar a sus hijos a la escuela, no con todo lo que necesitaban, pero pues podrían ir, que de cierto modo era lo importante. Todos los artesanos como Margarita sueñan con dar a su familia una vida tranquila y de calidad, a través de algo que los apasiona y los llena de orgullo, su labor artesanal. Labor por la que luchan día a día, con la finalidad de preservarla. Y como Margarita, en el municipio de Ixmiquilpan hay aproximadamente otras trescientas personas que se dedican a la producción artesanal, en diversas modalidades, como la elaboración de juguetes de madera, artículos de carrizo, bordado, incrustación de concha de abulón sobre madera de enebro, entre otras. En apariencia el número cien, no nos dice, mucho, se podría decir que hasta son pocos, pero lo cierto es que esos cien solo son las cabezas de las familias artesanas, hay más detrás de este simple número, hijos, hermanos, madres, abuelos y abuelas, primos, sobrinos, tíos, muchas otras personas que dependen directamente de esta actividad económica. Pero, más allá de ver a la producción artesanal como una actividad económica, en la que solo participa un sector muy pequeño de este municipio, se debe ver como parte de la cultura, porque además del valor artístico que posee, representa la lucha de todo un pueblo por preservarse. Cada forma artesanal expresa el folklore de la región a la cual pertenecen. El municipio de Ixmiquilpan, Hidalgo está lleno de historia y manifestaciones culturales, se muestra una gran variedad en la creatividad e imaginación de sus artesanos, ya que se utilizan diversos materiales como la madera, el barro, telas, fibras o metales. Muchos de los objetos realizados artesanalmente se utilizan como vestimenta, ajuares o accesorios para las mujeres, que se caracterizan por el uso de vivos colores y bordados de cada región. También se hacen utensilios para la cocina, herramientas del campo, juguetes de madera para los niños.
El mayor problema de los artesanos en este municipio y para la mayoría de los municipios del estado de Hidalgo, radica en el hecho de que no tienen un lugar en donde ofertar sus productos. La Secretaría de Turismo del Municipio, a cargo de la Licenciada Edith Carmina Sánchez Trejo, se en carga de realizar actividades culturales a las cuales invita a los artesanos a ofertar sus productos, sin embargo, a decir de los artesanos, la mayoría de las veces no es suficiente, puesto que estos eventos solo se realizan en días festivos, o con motivos especiales, y lamentablemente para los artesanos las ventas son malas, la gente muchas veces no paga lo que se pide por el producto, y la necesidad de estos obliga a vender por debajo del precio. Además, otro factor que afecta a los artesanos, es la falta de educación, muchos de los artesanos tienen solo el nivel de educación básica, y muchos más ni la primaria terminada, esto los limita en el hecho de ver más allá de lo que pueden hacer. También, cabe mencionar que de la población total del municipio de Ixmiquilpan un aproximado de 25 000 personas hablan el dialecto Hñahñú, y los artesanos en su mayoría pertenecen a la etnia Otomí.
Tanto el lenguaje como las tradiciones orales y la misma artesanía Hñahñú se encuentra bajo la grave amenaza de la extinción, pues las nuevas generaciones se alejan de estas prácticas culturales, los artesanos más jóvenes pertenecen a una generación que se mueve en los 30 años, por lo que es necesario resaltar su valor histórico, social, cultural y artístico.
Otros problemas a los que se enfrentan los artesanos, y que viven con angustia cotidiana, es la falta de promoción de sus obras, las dificultades de la comercialización y la falta de apoyo de dependencias públicas para financiar el trabajo artesanal. Esto ha llevado a que varios artesanos decidan emigrar a los estados Unidos, para alcanzar condiciones económicas más decorosas. No solo el gobierno, ni los artesanos pueden cambiar esta situación, la sociedad en general debe preocuparse por salvaguardar nuestras tradiciones, estar orgullosos y valorarlas como son y por lo que son.
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